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El ambiente era tenso. Los portugueses no se guardaban nada. El marcador favorecía a los locales 1-0 gracias a un gol de Kaka, pero el Benfica presionaba con violencia y astucia. Fue en este caldo de cultivo donde explotó la olla a presión. La tarjeta roja directa Pirlo llegó en el minuto 87 del partido. El cronómetro marcaba el final del encuentro. Pirlo recibió un balón en tres cuartos de cancha, de espaldas a la portería. Instintivamente, intentó realizar su movimiento característico: recibir, proteger con el cuerpo y girar para habilitar a un compañero.

En sus memorias, lo minimizó con humor, diciendo que a veces el fútbol necesita "recordatorios físicos", pero admitió que no fue su mejor momento deportivo.

El rival, el Benfica, dirigido por el técnico español José Antonio Camacho, necesitaba desesperadamente la victoria para seguir con vida en el torneo. El partido era de alto voltaje emocional. El Milan, ya clasificado como primero de grupo, salió con una mezcla de titulares y suplentes, pero Pirlo estaba en el once inicial. Era su territorio. tarjeta roja directa pirlo

Pero ahí estaba el portugués (delantero histórico del Benfica) pegado a su espalda. La presión era asfixiante. Mientras Pirlo intentaba domar el esférico, el defensa brasileño Luisão se sumó al quite. En una fracción de segundo, el balón quedó suelto. Lo que ocurrió después fue una explosión de furia atípica.

No. Esta fue la única tarjeta roja directa (sin pasar por la amarilla) que recibió en toda su carrera profesional. El ambiente era tenso

Pirlo nunca se disculpó efusivamente por esa entrada porque, en el fondo, sabía que el fútbol también es eso: territorio, orgullo y, a veces, furia. Nuno Gomes declaró años después: "Me dolió, pero fue un honor. Es la única vez que vi a Andrea perder la cabeza. Por extraño que suene, me sentí importante".

La UEFA le suspendió por 3 partidos por conducta violenta. Fue en este caldo de cultivo donde explotó

Las cámaras captaron a Pirlo, con la mirada baja hacia el césped, levantando su bota derecha y plantándola con violencia en el muslo de . No fue un pisotón, sino una entrada directa a la pierna de soporte del adversario. El árbitro español Manuel Mejuto González no lo dudó: silbato a la boca, mano al bolsillo y cartulina roja directa al aire.